jueves, 17 de enero de 2013

DISCURSO DE ALFONSIN EN HOMENAJE A ILLIA 18 ENERO 2008




HOMENAJE A ARTURO ILLIA. DISCURSO DEL PRESIDENTE RAÚL AFONSIN EN EL 25 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL PRÓCER EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA EL 18 DE ENERO DE 2008
Quiero comenzar este discurso expresando el honor que significa para mí el hecho de poder rendir homenaje a don Arturo Illia con motivo del 25° aniversario de su fallecimiento, y quiero destacar que no es este un honor común, ni siquiera para un ex presidente de la Nación, ni para el correligionario y el admirador que compartiera con él tantas horas de brega y de esperanza.
No debiera tratase de un honor particularísimo y especial, porque cualquier argentino en sus cabales, aun aquellos que fueron sus adversarios, reconoce, desde hace tiempo, la vida y la obra del insigne patriota. Así ha ocurrido y seguirá ocurriendo. Es una distinción, entonces, la que me ha sido conferida, y la agradezco profundamente, ante todo, como ciudadano.
Es que la vida y la obra de don Arturo Illia son patrimonio de los argentinos, sea cual fuere el partido al que pertenezcan o con el que simpaticen. Desde luego que los radicales estamos orgullosos de él; desde luego que le profesamos veneración. Pero si trabajó siempre desde nuestro partido, no lo hizo apenas para los radicales. Trabajó para el pueblo entero, para el adelanto político y el progreso social del pueblo entero, sin reparar en banderas o credos.


He dicho vida y obra, automáticamente. Sin embargo, como en los grandes hombres, la vida y la obra eran, en don Arturo Illia, dos facetas de un mismo y solo impulso. Vivía para obrar, y obraba según vivía, gracias a una consustanciación que se volcaba en exclusividad al prójimo, a la causa del género humano, su único interés, su desvelo constante.


Recibido de médico es invitado a permanecer en Buenos Aires en una cátedra, pero prefiere marcharse al Interior, a un remoto pueblo de Córdoba, Cruz del Eje, antesala de los llanos riojanos, donde le habían otorgado un puesto de médico en los Ferrocarriles del Estado.


Illia no conocía aquella aldea establecida casi en un desierto, donde, como él contaba, nunca llovía y el agua a veces no alcanzaba para beber y lavarse. Pero agregaba que se quedó allí porque encontró algo que hacer "como médico y como ciudadano": ayudar a transformar la zona, la forma de vivir de la gente.


Removido de sus funciones tras el golpe de 1930, continuó atendiendo a sus vecinos. Viajó a Europa en 1934, respondiendo a una solicitud del Instituto Pasteur de París. Le ofrecieron un lugar entre sus investigadores, pero ante tamaña oportunidad de vida, ante semejante honra ofrecida por los científicos franceses, él optó por volver a Cruz del Eje, su tierra, donde lo necesitaban mucho más que en Europa, continente que se dirigía irremediablemente hacia la peor y más sangrienta conflagración de la historia del mundo. Destino fatal que Don Arturo divisó cuando visitó la Alemania nazi y la Italia fascista, países en los que pudo observar, según narraba, "cómo las masas podían ser dirigidas, por el temor y la propaganda, hacia donde el gobierno quería".


También estuvo en Suecia, Noruega y Dinamarca, y allí conoció "sociedades democráticas capaces de transformarse a sí mismas" (son sus palabras). "El problema ocupacional, el de la educación, el de la salud, todos se resolvían en paz", señalaba. "Los sistemas autoritarios y violentos presumían de ser más eficaces y expeditivos, pero eran engañosos y por lo tanto frágiles", explicaba Don Arturo. Fue una experiencia, sin duda capital en su vida, y quizás a ella se deba la aceptación de una candidatura a senador provincial en Córdoba, propuesta por sus correligionarios en 1936.
Ganó esa banca. Y obtuvo la vicegobernación de Córdoba en 1940, de la que fue derrocado por otro golpe, el del 43.


En 1948 retornó a Buenos Aires, ahora con un mandato de diputado nacional. Más adelante, en marzo de 1962, fue electo gobernador de Córdoba, pero un nuevo golpe de estado le impidió asumir.


Sin embargo, un año y medio después era elegido Presidente de la Nación.


Acompañado en la vicepresidencia por ese gran luchador que fue Carlos Perette, Don Arturo se rodeó de un gabinete de lujo, integrado por Juan Palmero en Interior; Miguel Zavala Ortiz en Relaciones Exteriores y Culto, un ministerio que adquiriría una enorme relevancia durante los tres años de gobierno; Eugenio Blanco en una impecable actuación al frente de la cartera de Economía, quien se rodeó de figuras de la talla de Félix Elizalde, Roque Carranza, Bernardo Grinspun y Alfredo Concepción, de quienes, recordarán, fueron luego estrechos colaboradores míos; Carlos Alconada Aramburu en Educación y Justicia, a quien también tuve el privilegio de tener en mi gabinete; Leopoldo Suárez en Defensa Nacional; Arturo Oñativia en Asistencia Social y Salud; Fernando Solá en Trabajo y Seguridad Social, y a Angel Ferrando en Obras y Servicios Públicos, además de un importante equipo de asesores liderados por Germán López, ese excelente correligionario que 18 años más tarde tuve a mi lado a partir de 1983.


Arturo Illia fue el líder que las circunstancias definitorias de un cambio requerido que la Argentina necesitaba.


Casi no hace falta insistir sobre índices nacionales conocidos durante su gestión. El P.B.I. creció más del 20 % acumulado en los años 1964 y 1965, la industria el 35 %, el salario real se incrementó en más del 10 %, implantándose además el sistema mínimo y móvil; la ocupación aumentó; procuró consagrar la conducción nacional de la política energética; y, como él mismo lo sostuvo sin arrogancia, pero con legítimo orgullo, se luchó “ férreamente contra toda clase de privilegios internos y externos, defendiendo sin temor y sin agravios el interés general y nuestra soberanía nacional”.


Porque aquel gobierno sin venalidades ni ilícitos, aquel gobierno que obedeció a rajatabla los principios constitucionales y mantuvo la más celosa guarda de los derechos humanos, aquel gobierno en el que no se practicó la tortura ni los arrestos ocultos, aquel gobierno en que no se detuvo ni persiguió a un sólo argentino por sus ideas o sus opiniones, aquel gobierno que no cerró diarios ni ejerció censura ni presión alguna, aquel gobierno que se atuvo al federalismo al cabo de décadas de unitarismo disimulado, aquel gobierno que no interfirió en la vida de los partidos ‑incluyendo al justicialismo, al que reintegró a la normalidad electoral en 1965, tras un decenio de vedas y limitaciones‑, ni en la actividad de los sindicatos, los gremios de empresarios, los centros de arte y de ciencia, las universidades, ni en la vida de los creadores y los pensadores, ni en la del mero ciudadano; aquel gobierno que observó no sólo la letra sino además el espíritu de la Constitución de un modo desconocido hasta entonces desde 1930, y no repetido en la larga década y media posterior a su caída; aquel gobierno también fue ejemplar en materia de economía y justicia social.


Fue reducido el gasto público, verdadera hazaña si se recuerda que se elevaron los fondos destinados a la enseñanza, la salud y la vivienda; mermó el déficit fiscal y el de las empresas del Estado (por otra parte, no se adquirió ninguna empresa privada, entonces); y fue disminuida, sí, disminuida, la deuda externa, a pesar de lo cual se incrementaron las reservas del Banco Central.
La distribución del ingreso, en fin, alcanzó una armonía inusitada, si se tiene en cuenta que no se logró en desmedro de la producción sino como consecuencia de su mayor volumen. Los sueldos y jornales participaron con el 41 por ciento; los salarios de bolsillo crecieron por encima de los precios, y el salario real aumentó de manera sostenida. Parece innecesario decir que descendió la tasa de desempleo a la mitad, y que se retrajo la inflación, de un promedio del dos por ciento mensual en 1963 a otro del uno por ciento en 1966.


Todos saben de qué forma se defendió el prestigio de la Argentina en el campo internacional, y de qué manera nuestro país se puso a la cabeza de las naciones en vías de desarrollo, para reclamar justicia universal y un nuevo orden económico internacional.


Es necesario recordar también la Resolución 2065 de 1965 de las Naciones Unidas. Para comprender el alcance y proyección de esta Resolución es muy útil tener presente la opinión del embajador Lucio García del Solar, quién estuvo a cargo de la Misión ante las Naciones Unidas durante la presidencia de Arturo Illia (1963-1966). Según recuerda García del Solar, “la gestión del presidente Arturo Illia, en materia de política exterior, mereció un lugar de honor en la historia Argentina por lo que significó la presentación en las Naciones Unidas de la reclamación por las Islas Malvinas que culminó en la Resolución 2065, por la que la comunidad internacional invitó a las partes en litigio a entablar negociaciones para solucionarlo”.


Todos saben de qué manera aumentó el salario real y todo lo que pudo lograrse a través de la instauración del sistema del salario mínimo, vital y móvil; pero también todos hemos aprendido que a pesar de ello, durante aquel tiempo en que los argentinos no habíamos encontrado aún nuestro rumbo, fueron diversos sectores del país -no por mala voluntad ni por falta de coraje, sino porque los argentinos todavía no habíamos encontrado el camino- los que impidieron la consolidación de la democracia y la afirmación de un gobierno que ya había demostrado que era de las mejores administraciones que había tenido la Nación Argentina.


Y así vimos entonces cómo obreros argentinos, llevados engañados por una minoría, desarrollaron un plan de lucha que terminaría por impedirles luchar por lo que realmente debían luchar: las reivindicaciones elementales del sector del trabajo. Así vimos como muchachos estudiantes, en defensa de lo que llamaban los postulados fundamentales de la reforma universitaria, se lanzaban también a una lucha que terminaría con una noche de los bastones largos y la transformación de la Universidad Argentina en apenas un “enseñadero”.


Así vimos también como los sectores de la producción preferían las alianzas corporativas, para terminar en un proceso que todos también conocemos y que nos llevó a la postración económica y al aumento de la dependencia en el campo económico de la Argentina.


Esa confusión en que deambulábamos los argentinos hasta el desencanto, esa intemperancia que nos ofuscaba hasta el revanchismo, ese desinterés por el país en que nos abismábamos hasta el egoísmo, esa falta de confianza en nosotros mismos, en definitiva, fue el caldo de cultivo que necesitaban las minorías lanzadas, una vez más, a urdir nuestro naufragio, porque en la consolidación de la democracia veían, como antaño y como hoy "el fin de sus privilegios y de sus franquicias”.


Creía don Arturo que la Argentina necesitaba una cohesión nacional que no se había dado en su historia, plagada de enfrentamientos y negativas irreductibles. Creía que el diálogo fecundo despertaría dormidas o aletargadas visiones de fraternidad y solidaridad, así como un nacionalismo defensivo que nunca consideró que debía volcarse contra nuestros hermanos latinoamericanos, sino ante los poderosos de la tierra que parecían incapaces de respetar nuestra autonomía de decisión, como en el caso de los medicamentos, que tanto tuvo que ver con el golpe. En el mismo sentido convocó a la firma de la Carta de Alta Gracia, en procura de defender mejor los intereses de nuestra región, cuyas conclusiones fueron compartidas por 77 países en la Conferencia de Comercio y Desarrollo celebrada durante 1964 en Ginebra.


A nadie consideraba enemigo. Buscaba y predicaba con su incansable sentido de la docencia, respeto por el adversario.


Creía que el país necesitaba de un empresariado nacional sólido, comprometido con el bienestar general y la recuperación de la capacidad de decisión nacional.


Creía que necesitaba de un sindicalismo democrático y fuerte, comprometido con la lucha por la dignidad y con la recuperación de la capacidad de decisión nacional.


Creía que el país necesitaba partidos políticos fuertes y definidos, comprometidos con la libertad, la justicia y con la búsqueda de la igualdad, como lo prueba su decisión de integrar rápidamente el padrón nacional.


Sabía que el diálogo no planteaba la homogeneización, así como que la democracia necesita de disensos. Pero comprendía que necesita también y fundamentalmente, consensos especiales capaces de extraer de la competencia política aspectos fundamentales vinculados a políticas de Estado.


Celoso de la individualidad partidaria, sabía también que había que evitar los compartimentos estancos. Nada se conseguiría con partidos políticos compartimentados y asociaciones sociales y económicas compartimentadas. Así no sería posible construir una democracia, y ni siquiera una Patria común. Así se yuxtaponían una patria y una antipatria. Una Nación y una anti-nación.
Nos enseñaba don Arturo que los ciudadanos, en tanto usuarios, consumidores, productores, trabajadores, empresarios, profesionales, etcétera, no podían permanecer ajenos a decisiones que originaban consecuencias significativas sobre la calidad de sus vidas y sobre el funcionamiento, las metas y los valores de la sociedad. De todos reclamaba compromiso, participación, y rechazaba con indignación el intento de mantener a grandes capas de la población al margen de la participación en la toma de decisiones que inexorablemente tendrían sus consecuencias en su forma y calidad de vida. Según su criterio, el mal de la democracia provenía del hecho de que muchos se sintieran instrumentos pasivos de decisiones que adoptaban otros, cuando las dirigencias de cualquier clase se les oponían como élites cerradas, cuando eran convertidos en “masa”.


Sostenía que el derecho a las libertades individuales se relativiza si dejamos de preocuparnos por la igualdad. Igualdad política que supone distribución económica y distribución del conocimiento.
Solía agregar en sus siempre parsimoniosas conversaciones, que sin duda le agradaban porque sabía que estaba haciendo docencia, que en una democracia deben existir un conjunto de derechos sociales por los cuales se sientan obligados a luchar todos los ciudadanos, sin diferencia en cuanto a la pertenencia a éste o aquél sector, pero que desgraciadamente, no todos entendían el derecho de todos a tener una vivienda digna, la asistencia de la salud asegurada, la educación de los hijos garantizada, y un ingreso adecuado para desarrollar y enriquecer la propia vida. Para un demócrata, insistía, no bastaba con amar la libertad. Creerlo, había que admitirlo, era una enorme falla en nuestra conciencia democrática.


Afirmaba que nadie podía dudar que la educación desempeña un papel central en la construcción de una sociedad democrática, solidaria y moderna.


De ella dependía, de manera principal, el desarrollo de una cultura democrática y secundariamente, la formación de hombres y mujeres aptos para dar respuestas a los crecientes desafíos de los cambiantes y cada vez más complejos sistemas de producción.


En su momento, diversos sectores, ubicados en distintas alas del pensamiento político, que hoy lo respetan, entonces no lo comprendieron.


Vale la pena citar algunas frases de su mensaje a la Asamblea Legislativa: "La Democracia Argentina necesita perfeccionamiento, pero que quede bien establecido: perfeccionamiento no es sustitución totalitaria. El concepto social de la democracia no es nuevo, y no es sólo nuestro. Mas lo importante no es que el sentido social de la democracia esté en nuestras declaraciones políticas o estatutos partidarios, sino que los argentinos tengamos la decisión y la valentía de llevarlo a la práctica. Pero deseamos desde ya alertar a quienes conciban a la democracia social como un simple proceso de distribución. Para que pueda existir justicia de la sociedad para con el hombre es necesario que éste, a su vez, sea justo para con la sociedad y no le niegue o retacee su esfuerzo"
“Esta es la hora de la reparación nacional a la que todos tenemos algo que aportar. Esta es la hora de las grandes responsabilidades. Esta es la hora de los grandes renunciamientos en aras del bienestar de la comunidad; quien así no lo entienda está lesionando al país y se está frustrando a sí mismo... Todas las fuerzas políticas participan desde hoy, en mayor o menor medida... en el gobierno de la cosa pública... En este proceso de recuperación y transformación social argentina, el Poder Ejecutivo cumplirá su parte”, dijo el flamante presidente en su discurso ante la Asamblea Legislativa.


Pero así como ahora nuestro país parece enmarañado con intereses que se cruzan y se avienen y en ciertos sectores la sociedad pareciera perder valores éticos fundamentales, eran tiempos peores los que vivía la República cuando asumía la Presidencia de la Nación el doctor Arturo Illia. El país estaba en una espesa bruma, en un estado de derrota, a veces daba la imagen de una división casi esquizofrénica entre los hechos y las palabras; no encontraba el rumbo, prisionero el pueblo de una desorientación que le impedía encontrar el camino que lo sacara de la decadencia y de los enfrentamientos, y lo llevara decididamente hacia el crecimiento con equidad y paz. Tiempos duros y difíciles. Por eso no alcanzó un gobierno extraordinario como el de Don Arturo para consolidar la democracia.


Era una Argentina agobiada por décadas de frustraciones, de choques, de infortunios, que parecía haber extraviado el rumbo, que se refugiaba, como vencida, en la búsqueda de soluciones milagrosas. Los argentinos habíamos perdido la confianza, la solidaridad, y éramos como autómatas encastillados en nuestras individualidades, dispuestos a imponer nuestras ideas, no a discutirlas. En este estado de situación, la convocatoria de Don Arturo Illia no fue escuchada por todos.


"Tanto daño puede causar el abuso del poder por el gobierno, como el abuso del derecho por los ciudadanos", advertía el presidente. Nadie ignora que el gobierno no abusó un ápice de su poder. Lamentablemente, fueron los ciudadanos los que abusaron de sus derechos, respetados como nunca antes.


El período de gobierno de don Arturo transcurrió en un momento en el que aun tenía plena vigencia la cultura autoritaria y antidemocrática que se había venido sedimentando en la población desde los años 30.


Su desgraciada destitución invirtió el desarrollo histórico de la Argentina por muchos años, lapso absolutamente irrecuperable, que además nos llevó al dolor de la lucha fraticida, al estancamiento y a la dependencia.


Recuerdo que Woodrow Wilson cuando abogaba por la concreción de la sociedad de las Naciones sostenía que de no tener éxito “el mundo experimentaría una de esas grandes desilusiones, una de esas penetrantes heladas de reacción, que terminaría en un cinismo universal”. Así sucedió, y montados en el desaliento y en el cinismo llegaron los totalitarismos y la guerra.


El absurdo golpe de Estado perpetrado contra el Gobierno de don Arturo Illia, también provocó un verdadero desastre nacional, cuyas consecuencias aún estamos pagando. Se invirtió el sentido del cambio. Vastos sectores de nuestro pueblo comprendieron la naturaleza profundamente antinacional y antidemocrática de un hecho que quebraba una línea de cambio orientada a engrandecer la libertad, la dignidad y la búsqueda de la igualdad, para provocar episodios que en definitiva venían a fomentar la injusticia y la entrega.


Otros sectores, frente a aberrantes y desconocidos desafíos supusieron que por la vía democrática no se lograría jamás un avance, que los esquemas interpretativos clásicos habían perdido utilidad para la correcta comprensión de los nuevos fenómenos, y en última instancia se pusieron a prueba convicciones esenciales y se buscó el cambio por otros caminos que impulsaron verdaderas regresiones.


Es cierto que el derrocamiento de Illia tuvo todos los ingredientes clásicos de los golpes de Estado en cualquier parte del mundo: actividad conspirativa en los cuarteles, connivencia civil, respaldo de grupos económicos, contexto internacional favorable, etc. Pero también es cierto que contó con un sustrato cultural que desde distintos ángulos alimentaba actitudes de desprecio hacia la democracia y que condicionó en gran medida el comportamiento de la población.


Sectores de la oposición, sin duda, desempeñaron un papel importante en este proceso, quizás sin advertirlo, incluyendo la línea de acciones claramente desestabilizadoras que adoptó desde el comienzo su componente sindical, y culminando con el apoyo brindado por el gremialismo al golpe de 1966. También hubo una acción obstruccionista en el Congreso que colocó a la minoritaria representación radical en una situación terriblemente difícil. Era casi imposible, no sólo legislar en general, sino también hasta hacer aprobar un proyecto de presupuesto, tan vitalmente necesario para el funcionamiento normal de todo el sistema.


Se olvidaba que el gobierno de Arturo Illia fue el restaurador de las instituciones de la Nación al reconocer absoluta libertad al justicialismo. Se olvidaba que era un gobierno de transición que debió aceptar las reglas del juego impuestas por la dictadura, como se había demostrado con anterioridad cuando el triunfo del justicialismo en la Provincia de Buenos Aires, fue una de las principales excusas para el derrocamiento de Frondizi.


Aun se mantenía viva en la conciencia política peronista la posición de ruptura con el orden –demoliberal- del que Illia era un claro exponente. Desde este enfoque, la perspectiva de un golpe que pusiera fin a un orden semejante no causaba aprehensión ni estimulaba movilizaciones populares en defensa del sistema. Por el contrario, se diría que hasta resultaba apetecible.


Este fenómeno nutrió entre nosotros una cultura de desprecio por lo que se solía llamar, con un facilismo extremo, “democracia burguesa”. Los sectores sometidos a esta influencia daban la bienvenida a cualquier circunstancia o proceso que sirviera para “agudizar las contradicciones”, lo que para ellos terminaba también por arrojar una luz macabramente positiva sobre los golpes de Estado.


Pero don Arturo Illia tenía comprobado que la democracia, esa alianza estrechísima e indisoluble de las libertades y las justicias, de todas las libertades y todas las justicias, no sólo era el sistema determinado por nuestras leyes sino el régimen apto para el crecimiento material y moral de nuestro pueblo.


Paciente, firme, empeñoso, lúcido, soportó las andanadas de la crítica y los embates de la oposición. Le importaba sobremanera la unión nacional y el bienestar del pueblo, y a estos fines superiores consagró la misma dedicación, el mismo celo y las mismas dotes de político y estadista que había demostrado en sus anteriores gestiones públicas.


Nadie, casi nadie puso en duda, en aquellos años de 1963 y a 1966, la rectitud legal ni la honestidad administrativa de don Arturo Illia y de su gobierno. Pero todos, casi todos desmerecieron la obra económica, social y cultural que llevaba a cabo, o la negaron sistemáticamente. Y sin embargo, ¡qué obra estupenda!


Así, al alba del 28 de junio de 1966, Don Arturo Illia fue desalojado de la Casa Rosada, sin miramientos y con alevosía, como si se tratara de un enemigo; peor, ya que a los enemigos se los considera en el campo de batalla, y se les dispensan ceremonias de las que no gozó este gran presidente de la legalidad y el orden constitucionales, este devoto ciudadano, este patriota cuya sensibilidad social es hoy legendaria.


Este hombre culto y generoso, amante de su pueblo, que apenas derrocado llamó al escribano general de gobierno para formular su declaración de bienes. Sólo conservaba su casa en Cruz del Eje, obsequiada en 1947 por sus vecinos, y los útiles de su consultorio. Había perdido hasta su automóvil y los depósitos bancarios que tenía al asumir.


Mil movilizaciones debieron parar al país la noche de aquel fatídico 28 de junio. Mil movilizaciones del pueblo que gritara libertad. Pero se caían los brazos ante una comunidad nacional que protestaba y que no se sentía feliz. Se caían los brazos en una sociedad donde desgraciadamente los rencores estaban a flor de piel y donde no encontrábamos la fórmula para superar el desaliento y el derrotismo, porque mejores eran los resultados y más negativa era esa actitud casi generalizada de desánimo y a veces de tristeza.


Poco tiempo después de su derrocamiento, sin rencor alguno, escribía este hombre admirable: “seis meses es tiempo suficiente para que nuestros conciudadanos reconozcan cabalmente las consecuencias del cambio operado en la conducción económica del gobierno... La aparente simplificación que supuso la supresión de los controles institucionales para lograr mayor eficiencia, ha fracasado y todos comprendemos ya que la democracia orgánica y seriamente practicada es el único camino capaz de asegurar en libertad u justicia el crecimiento ordenado.”


Señalé al comienzo que Don Arturo había obrado según su vida, y que había vivido de acuerdo con sus obras. Y lo siguió haciendo hasta su muerte, el 18 de enero de 1983, nueve meses antes de que los argentinos, ahora sí libres de la confusión, de la intemperancia, del desinterés; ahora sí confiados en sí mismos, optaran definitivamente por la democracia. No por un partido, no por un hombre; por la democracia, como él anhelaba, como él se había esforzado porque lo anheláramos todos, como él se desveló para que lo sintiéramos todos, para que todos lo entendiéramos, para que todos lo propagáramos, para que todos nos hiciéramos beneficiarios y defensores de la democracia, para que todos abrazáramos las libertades y las justicias, para que todos, en fin, fuéramos dignos de nosotros, y dignos de la Argentina, la Argentina que nos merecemos.


Cuando fui electo Presidente en 1983, tuve la fortuna de ser el heredero, por voluntad de la mayoría, de una Argentina nueva en cuyo nacimiento don Arturo Illia tuvo responsabilidad decisiva. Y ahora los argentinos piden que sus dirigentes no pierdan el rumbo, que no caigamos en nuevas confusiones, en nuevas intemperancias, en nuevos desintereses, que terminemos de desterrar la manipulación, el revanchismo, el egoísmo. Que confiemos cada vez más en nosotros. Que no reiteremos los desastres de aquel tiempo ya lejano y, a la vez, tan próximo.


Que no aticemos el encono, vistiéndolo de expresión de ideas. Que nuestros gobernantes, periodistas, nuestros sindicalistas, nuestros estudiantes, nuestros políticos, nuestros militares, nuestros empresarios, nuestros creadores de arte y ciencia, nuestros religiosos no dejen nunca de divisar el límite entre la democracia y el ataque solapado al sistema democrático. Que no franqueen ese límite, como tantos sectores lo hicieron, a sabiendas o indeliberadamente en los mil días de gobierno de Don Arturo Illia. Insisto con esta frase de Don Arturo: "Si no se vive la democracia, la libertad, la justicia, uno se está muriendo". Basta de morir en la Argentina.


Creo que este es el mensaje para hoy de Don Arturo: la necesidad, no solamente de hacer buenos gobiernos sino la necesidad de hacer docencia de la democracia. Por eso, en estos días que vivimos, donde hemos alejado ya definitivamente el fantasma de los golpes de Estado; en estos días que vivimos, donde por encima de nuestras lógicas discrepancias requerimos un absoluto marco de respeto por las instituciones de la democracia para desarrollar dignamente nuestra vida institucional; en el marco también de discusiones que a veces son agrias, debemos recoger ese mensaje para proclamar sin distinción de partidos políticos que por encima del acierto o del error del gobierno, lo que interesa a los argentinos es una lucha permanente por el estado de derecho, por la calidad de las instituciones de la Nación, por el debido proceso, y por la dignidad de los hombres.


Merecería haber vivido este tiempo don Arturo Illia; con sus dotes de estadista le hubiera sido más fácil desenvolverse en la búsqueda de una República asentada, y en plena lucha para transformar a esta Nación en una democracia con igualdad de oportunidades y en la que cada persona reciba lo que le corresponde por el sólo hecho de vivir en esta sociedad. Hemos aprendido muy duras lecciones y estamos absolutamente persuadidos de que solamente a través de las instituciones de la democracia es como vamos a afianzar la posibilidad de la justicia y de la paz en nuestra patria. Arturo Illia nos dejó su mensaje de paz, de austeridad, su sentido exquisito del respeto por la personalidad humana, y casi por obligación debemos transitar ese camino, exactamente ese camino, para hacer la Argentina que nos merecemos.
Illia murió el 18 de enero de 1983, cuando ya podía presentirse el triunfo de sus ideales y el reconocimiento a su lucha.


Hoy nos podemos preguntar si en realidad está muerto este hombre. Si los argentinos somos capaces de aprender de la terrible experiencia que hemos pasado y sabemos juntar el coraje cívico con la madurez política, y todo eso en el tono de una alegría de fondo sin la cual los pueblos marchan hacia el suicidio; si los argentinos aprendimos todo eso, Arturo Illia estará más vivo que nunca entre nosotros.


Querido don Arturo, muchos años después, en un nuevo milenio, así seguimos entendiéndolo.. Muchas gracias por lo que hizo, por lo que nos enseñó y por el legado democrático que perdurará por más tiempo que en la vida de nuestros corazones, en las profundidades de la vocación patriótica de los argentinos.
(LA CARICATURA DE DON ARTURO UMBERTO ÍLLIA FUE PUBLICADA EN EL DIARIO"LA NACIÓN" EL 18 DE ENERO DE 2007 y LA FOTOGRAFÍA DEL DR. ALFONSIN ES DEL ARCHIVO DE ENRIQUE PEREIRA Y FUE TOMADA EN SANTA FE EN 1996)

martes, 11 de diciembre de 2012

ZONA DE ANEXOS 020 A 25 AÑOS DE LA GLORIA






Escrito por Enrique  Pereira el 22 de octubre del 2008



Alfonsín recibe una vez mas en su escritorio al Secretario General de IZQUIERDA REPUBLICANA DE ESPAÑA, doctor Isabelo Herreros-Martín Maestro, gran defensor de la democrcia sin distinciones de sangre, acompañado de Enrique Pereira. Foto de 2004
Fotografia obtenida el 19 de diciembre de 1981, en la precampaña electoral. Todavía estaban la tiranía y el estado de sitio. Raúl Alfonsín se encontraba en la casa de Enrique Pereira, en Paraná. A su lado, Martha    y, en "upa" del gran estadista,  Ramiro Pereira, Nacho Guigi y Leandro Masera,  hoy militantes radicales. En parte se ve a los dueños de casa, Luz y Enrique Pereira.
Allí esa tarde, bajo un ceibo,cerca de cien jovenes escucharon, sentados en el suelo, el mensaje de paz y de esperanza de quien,un par de  años después, siendo Presidente, mandó a los asesinos al Tribunal que los condenó a prisión perpetua. Vino, luego, otro partido, y los indultó.



POR VARIOS DÍAS, Y EN HOMENAJE A NUESTRO RAÚL ALFONSIN, A QUIEN ESTÁ DEDICADO ESTE TRABAJO DEJAREMOS FIJO ESTE CARTEL INOLVIDABLE, EL DE LA VICTORIA, EL DE LAS MANOS UNIDAS CON EL PUEBLO, PARA QUE TODOS Y TODAS, CHICOS Y GRANDES, NOS ACORDEMOS, CON EMOCIÓN DE ESOS TIEMPOS NO TAN LEJANOS, Y A LA VEZ, TAN POCO CERCANOS, Y VOLVAMOS A SER FUERTE Y DEFINITIVAMENTE RADICALES, NADA MÁS NI NADA MENOS QUE RADICALES.


NO SE TRATA DE UN ATAQUE DE AÑORANZA, SINO DE FORTALECER LA ESPERANZA. A AÑORANZA, QUE ES BUENA, SIN DUDAS, NOS ADORMECE SI NOS SENTAMOS SOLAMENTE EN ELLA.

LA ESPERANZA Y LA LEALTAD, LA LEALTAD, NOS HACEN TRABAJAR, SIN EGOÍSMOS, SIN TRAMPAS. PENSANDO EN LOS DEMÁS Y OBRANDO PARA LOS DEMÁS, QUE PARA ESO, PARA ESO SOLAMENTE EXISTE LA UNIÓN CÍVICA RADICAL...

VER POR FAVOR, A LA DERECHA, LA ENTRADA RECOMENDADA "VARIOS EMOCIONANTES", CON LOS DISCURSOS DE RAÚL EN 1983

viernes, 19 de octubre de 2012

El Diccionario se presenta en Buenos Aires


16.10.12 | UCR
Miércoles 17/10, 19 hs. Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. Alsina 1786, Ciudad de Buenos Aires.

Presentación del Diccionario Biográfico Nacional  UCR







El Instituto Moisés Lebensohn presentará por primera vez en la Ciudad de Buenos Aires la excepcional obra de Don Enrique Pereira, El Diccionario Biográfico de la UCR, el miércoles 17 de octubre a las 19hs en el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (Alsina 1786).
La actividad estará a cargo de la Lic. Edit Gallo, reconocida historiadora radical, Ramiro Pereira, en representación de la familia del autor y del propio IML y del Presidente del Comité Nacional de la UCR, Ing. Mario Barletta.



¿Cómo definir la obra de don Enrique Pereira?
El punto donde la historia del radicalismo se junta con la historia de mujeres y hombres.
Eso es el Diccionario Biográfico Nacional de la UCR. Un recorrido de más de 1.800 nombres, que enarbolados con la bandera del programa constitucional le dieron vida y destino a la herramienta política, para hacer realidad el cuerpo de la norma fundamental.

Enrique Pereira nos lleva a un viaje en el tiempo donde la pequeña proeza local, la anécdota de pueblo y la militancia barrial se transforman en la gran hazaña nacional. Una obra que, a través de sus cuatro tomos, recupera del anonimato al militante que ha forjado su impronta en la permanencia obstinada del ideario radical, refrescándonos la memoria que el tiempo cubre con el olvido de la inmediatez.
Un Diccionario, en definitiva, que condensa en sus páginas una porción enorme de nuestra historia, de esa extensa militancia en tantas geografías de nuestra patria, cuya fecunda  participación le ha dado una impronta federal única a nuestro centenario partido.

Te esperamos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El diccionario se presenta en Bs.As


Lanzamiento del Diccionario Biográfico radical en el Comité Nacional


OCTUBRE 10, 2012   IML   1 COMENTARIO
Diccionario_en_Comite_Nacional


El Instituto Moisés Lebensohn presentará la excepcional obra de Don Enrique Pereira,El Diccionario Biográfico de la UCR, el miércoles 17 de octubre a las 19hs en el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical ubicado en Alsina 1786 de la ciudad de Buenos Aires.
El encuentro estará a cargo del Dr. Ramiro Pereira, en representación de la familia del autor; de la Lic. Edith Gallo, historiadora radical; y del Ingeniero Mario Barletta, Presidente del Comité Nacional de la UCR.---
Se trata de cuatro tomos publicados por nuestro sello, Ediciones IML, que repasan la vida y trayectoria de cientos de militantes. Algunos que alcanzaron altas responsabilidades en el partido y en el país; otros menos conocidos, pero todos arquitectos fundamentales de nuestro centenario partido.
Enrique Pereira, militante del radicalismo entrerriano, recogió durante tres décadas esta valiosa información de gran utilidad para la historia de partidaria.
El Diccionario podrá adquirirse durante el lanzamiento a un precio promocional.16.10.12 | UCR


viernes, 22 de junio de 2012


En la ciudad cordobesa de Brinkmann se  presentó el

 "Diccionario Biográfico Nacional. Unión Cívica Radical" 

de Enrique Pereira




Brinkmann_presento_el_diccionario_biografico



El comité de la UCR de la ciudad cordobesa de Brinkmann fue sede en la noche del martes 19 de junio de una nueva presentación del Diccionario Biográfico de la UCR de Don Enrique Pereira.
Ante un auditorio colmado, el Dr. Ramiro Pereira, hijo del autor y miembro de la Filial Paraná estuvo a cargo del encuentro.
La actividad fue organizada por la Juventud Radical local y al finalizar se vivió un emotivo momento cuando los militantes les hicieron entrega de los 4 tomos de la obra a los familiares de Carlos Vargas, cuya biografía integra el diccionario. “Carlitos”, como lo recuerdan cariñosamente en su ciudad natal, fue un reconocido dirigente de la Franja Morada de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba y Presidente de la Juventud Radical del Departamento San Justo

sábado, 26 de mayo de 2012

Presentación del "DICCIONARIO"


El Diccionario Biográfico Nacional U.C. R. en Carlos Paz y La Falda

El_Diccionario_Biografico_Radical_en_Carlos_Paz_y_La_Falda
La obra de Don Enrique Pereira recientemente publicada por Ediciones IML, comienza a recorrer la geografía nacional. En este caso, la filial Carlos Paz será sede de la presentación el miércoles 30 de mayo a las 18hs en el Palacio Municipal.
La charla estará a cargo del Dr. Ramiro Pereira, miembro de la Filial Paraná y quien además participó en la edición del diccionario biográfico.
Luego, a las 22hs, se repetirá la actividad en la ciudad de La Falda en la galería Lado Bueno ubicada en avenida Edén 412.
La presentación de las charlas estarán a cargo de la coordinadora de la Filial Carlos Paz, Paola García, y contarán además con la presencias del Subsecretario de Gobierno de la Municipalidad de Córdoba, Ariel Piquillen, y en la Falda con Ludmila Ochoa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

ZONA DE ANEXOS 021 LAS INOLVIDABLES Y RADICALES TROMPADAS EJEMPLARES DE EDUARDO SAGUIER


AHORA, FELIZMENTE, ES FÁCIL, CASI NI PEGAN, HACE 25 AÑOS QUE HAY DEMOCRACIA.
MAS EN LOS TIEMPOS FASCISTAS DE ONGANÍA, VIDELA Y SUS SICARIOS, ERA DIFICIL LA COSA, A PUNTO TAL QUE ALGUNOS SE HACIAN LOS BURROS Y SILBANDO BAJITO "COLABORABAN" CON LAS DICTADURAS Y ALGUNOS DESCARADOS HASTA SE ERIGEN EN PERSONAJES SUPUESTAMENTE DEMOCRÁTICOS.
POR ESO CREEMOS JUSTO RECORDAR LAS GESTAS DEL CORRELIGIONARIO EDUARDO SAGUIER, POR ENTONCES UN CHICO DE 22, 23 AÑOS, HOY TODO UN CIENTÍFICO DE LA HISTORIA Y UN RADICAL, QUE CUANDO ALGUNOS SE "ABAJABAN" PARA MARCHARSE, PUBLICÓ UNA SOLICITADA SEÑALANDO QUE ÉL Y OTRO AMIGO, SEGUÍAN SIENDO FIELES AFILIADOS A LA U.C.R.

QUIZAS EL HOY DOCTOR EDUARDO SAGUIER, DE MUY BAJO PERFIL, REFUNFUÑE POR ESTE HOMENAJE ESPONTÁNEO Y MERECIDO.

ES BUENO QUE LOS RADICALES APRENDAN DE SUS MAESTROS, DE ESOS QUE AYER ANDABAN ENSEÑANDO A LOS CANAS QUE LA LIBERTAD, A VECES CUESTA Y DUELE. HOY ES FÁCIL, TODO SE DISIMULA, TODO SE OLVIDA.

¡¡GRACIAS, EDUARDO!!!



archivo http://www.er- saguier.org/obras/udhielal/pdfs/Tomo_16/Capitulo_I.pdf.G o o g l e genera automáticamente versions html de los documentos mientras explora la web.
saguier-er--Tomo-XVI-cap-1
Capítulo I
Resistencia Radical a la Dictadura en Argentina (1966-68)
En la resistencia a la dictadura de Ongania en Argentina (1966-70), se registraron numerosos acontecimientos en ocasión de efemérides caras a la historia del Radicalismo argentino donde se puso en evidencia la voluntad de combatir a la misma. A continuación hemos recogido algunas de dichas expresiones, que quedaron estampadas
en los periódicos de la época.
Incidentes-Efectuóse el sepelio de la señora Silvia E. M. de Illia (La Nación, jueves 8 de septiembre de 1966)
Crecida concurrencia asistió al acto del sepelio de la señora Silvia Martorell de Illia, realizado ayer en la Recoleta.
Cuando en las primeras horas de la tarde, después de una ceremonia religiosa en la iglesia del Pilar y dos discursos ante la tumba de Alvear, en la entrada de la necrópolis, el ataúd cubierto de orquídeas fue depositado en la bóveda de la señora Marcelina Alem de Irigoyen, la gente colmaba la zona del cementerio. En repetidas ocasiones saludó el paso del cortejo con pañuelos en alto y, concluídas las ceremonias fúnebres, cuando el doctor Arturo Illia se retiró del lugar, fue ovacionado al grito de “presidente! ¡presidente!”.
Toda la plana mayor del gobierno del doctor Illia, desde ministros a funcionarios, y desde jefes partidarios hasta numerosos simpatizantes, estuvieron presentes en las ceremonias. Poco después de retirarse el ex presidente, a la salida de la Recoleta, parte de la gente inició una manifestación que circuló hasta las inmediaciones de Callao y Santa Fé, donde fue dispersada por las fuerzas policiales de un carro de asalto.
Los manifestantes en los primeros momentos calculados en unas trescientas personas, agitaban pañuelos y gritaban estribillos como Illia presidente!, Gobierno civil! Y Militares al cuartel!”. Entre los manifestantes se vió al yerno del ex presidente Gustavo Soler, y a muchos dirigentes de las organizaciones juveniles de la disuelta UCRP.
El cortejo fúnebre
Una docena de carrozas repletas de ofrendas florales y un coche fúnebre conduciendo el ataúd inició a las 10.40, desde el domicilio del doctor Nicolás Romano, donde fueron velados los restos de la señora de Illia, en Uriburu 1020, la marcha hacia la Recoleta.
Inmediatamente detrás del coche fúnebre se ubicaron el doctor Illia, sus hijos y otros familiares, ex ministros y dirigentes de la UCRP; todos iniciaron la marcha a pie hacia el cementerio, seguidos por un público que colmaba aproximadamente la extensión de dos cuadras. Un patrullero policial y algunos motociclistas encabezaban el cortejo abriéndole camino entre el numeroso público.
Desde las 5 de la mañana la afluencia de gente al lugar del velatorio se había renovado, repitiéndose largas filas para tener acceso al lugar. A las 9 había ya un denso gentío en la zona y el tránsito estaba cortado. A las 9.30 el doctor Illia, acompañado de sus hijos y otros íntimos se dirigió hacia la capilla donde se velaban los restos de su esposa y poco después se clausuraron las puertas del recinto y se procedió a sellar el féretro.
Con dificultades debido a la densidad del público, el cortejo fúnebre tomó por la calle Uriburu y luego por Juncal, Ayacucho, hasta desembocar en la avenida Quintana, frente a la iglesia del Pilar.
La inhumación
Concluidos los discursos, y con las mismas características de confusión, el cortejo se dirigió por la avenida principal de la Recoleta y luego por una de las laterales hasta el frente del mausoleo de Marcelina Alem de Irigoyen. En el mismo, luego de una corta ceremonia, se colocó el féretro de la señora de Illia. A continuación descendieron para despedirlo el Dr. Arturo Illia, sus hijos Emma, Leandro Hipólito y Miguel, y el profesor Ricardo Illia. Leandro salió del mausoleo con una orquídea, que entregó a su hermana Emma, y luego los dos, junto con el doctor Illia, se dirigieron hacia la salida tomando diferentes calles internas para evitar al público, pero sin poder escapar a numerosos apretujones y empellones de los que al grito de “Presidente”, trataban de estrechar la mano del doctor Illia.
Al llegar el cortejo junto a la salida, los jóvenes comenzaron a saltar y agitar pañuelos blancos al grito de “Gobierno civil”, o “Illia presidente”, mientras algunos trataban de imponer silencio y los menos entonaban el Himno nacional.
Finalmente, una avalancha acercó al doctor Illia a un coche del cortejo, donde entró con sus dos hijos, despedido por aclamaciones.
La manifestación
Al partir el doctor Illia y sus familiares, quedaron en el lugar recibiendo el saludo de los asistentes, los ex integrantes de su gabinete, doctores Palmero, Solá y los hermanos Leopoldo y Facundo Suárez.
Al mismo tiempo, eran ya las 13.30, alrededor de 200 jóvenes que habían asistido al sepelio marcharon en manifestación por la avenida Quintana en dirección a Callao reclamando reimplantación del gobierno de Illia y estribillos como “No nos puede gobernar un gobierno militar”. Al llegar a Callao, dos coches patrulleros cruzaron la manifestación, a la cabeza de la cual aparecía el doctor Gustavo Soler, yerno del doctor Illia, pero también el resultado fue negativo. En Las Heras, con otro carro de asalto, logróse dividir a los manifestantes en dos grupos. El más reducido y exaltado siguió por Callao hacia Santa Fe, quebrando el vidrio de un camión estacionado chapa 771.351, y profiriendo insultos contra la policía. En la esquina de Callao y Santa Fé, de este grupo se destacó un joven rubio, de barba recortada, y que luego de insultar a los policías desde corta distancia, mientras agitaba un pañuelo rojo, fue detenido.
Al obligarlo a ascender a un camión de la Guardia de Infantería, que se encontraba en el lugar, el joven propinó una trompada en la cara al oficial que realizó la detención, lanzando el casco del mismo a regular distancia. Al mismo tiempo, con singular encarnizamiento, repartió puntapiés y trompis en la cara de los servidores del orden que se encontraban en el interior del vehículo. Estos respondieron con sus bastones, y luego se procedió a lanzar una bomba lacrimógena para dispersar a los que se encontraban en el lugar.
Detenciones
La jefatura de Policía informó que el joven detenido en el incidente se llama Eduardo Ricardo Saguier, argentino, de 23 años, soltero, estudiante, y que además fue detenido Rodolfo Banclari, argentino, de 40 años, soltero, empleado.
Fuente: La Nación, jueves 8 de septiembre de 1966
Rindióse homenaje ayer a Yrigoyen y Sáenz Peña (La Nación, jueves, 13-X-1966)
Con asistencia del ex presidente Illia se ofició ayer al mediodía una misa en la basílica del Pilar, con motivo de cumplirse cincuenta años en que Hipólito Irigoyen alcanzó la primera magistratura del país.
Estuvieron, además, presentes en el homenaje, que fue organizado por la comisión nacional de la disuelta UCR del Pueblo, que preside el doctor Ricardo Balbín, el ex vicepresidente de la Nación, doctor Perette; los ex ministros Miguel Angel Zavala Ortiz, Leopoldo Suárez, Carlos Aleonada Aramburu, Fernando Solá y Juan Carlos Pugliese; el ex Intendente Rabanal; los ex presidentes de la Cámara de Diputados y Senadores, respectivamente; señores Arturo Mor Roig y Eduardo Gamond, y muchas figuras vinculadas a la administración anterior. El doctor Illia llegó a la iglesia a las 11.40 en compañía de su hijo Leandro Martín y de su hermano, el profesor Ricardo Illia. La llegada del ex mandatario hasta la entrada del templo se hizo con mucha lentitud debido al crecido número de personas congregadas en el lugar. En la oportunidad se escucharon expresiones como éstas: “Viva el presidente argentino¡”, “Viva el hombre de América¡” y “!Viva el doctor Illia¡”.
Al término del oficio religioso se renovaron las expresiones de adhesión al presidente depuesto. La concurrencia se dirigió luego hasta la tumba de Irigoyen, donde se guardó un minuto de silencio y fue depositada una ofrenda floral que tenía la siguiente inscripción: “Homenaje del radicalismo del Pueblo”. Terminó la ceremonia con el Himno Nacional y la marcha “Adelante, radicales”. Frente al sepulcro se oyeron expresiones como “!Viva la UCRP¡” y “!Viva la Democracia¡”.
Acto seguido, se dirigieron hasta la tumba del ex presidente Roque Sáenz Peña, donde también las autoridades de la comisión nacional de homenaje colocaron una ofrenda floral. Nuevamente se volvió a entonar la marcha que distingue a la agrupación y a la salida del cementerio una nutrida concurrencia gritó a viva voz: “Presidente, presidente, presidente!”. El público se disgregó luego en perfecto orden.
En Santo Domingo
Por la tarde, en la Iglesia de Santo Domingo se efectuó otro oficio religioso en memoria del ex presidente Irigoyen, acto que contó con la asistencia del ex presidente Dr. Arturo Illia, el ex vicepresidente, doctor Carlos Perette y numerosos dirigentes de la UCRP.

Incidencias
Finalizado el oficio religioso, a las 20.40, diez minutos después salió del templo el ex presidente Illia, rodeado de correligionarios, mientras se agregaban a la comitiva unos cincuenta jóvenes que habían entonado cánticos alusivos al derrocamiento del gobierno Radical del Pueblo.
El ex presidente ascendió a un automóvil estacionado en Defensa, que lentamente se puso en marcha rodeado de numerosos jóvenes, entre los cuales había algunas mujeres.
Mientras tanto en la intersección de la avenida Belgrano y la citada calle se habían apostado efectivos de un carro de asalto del Cuerpo Guardia de Infantería, y como se extendiera en demasía la despedida del doctor Illia comenzaron por dispersar por la fuerza a aquellos.
Produjese entonces una refriega que en algunos instantes fue violenta y uno de los jóvenes que resultó herido en la cabeza fue llevado al carro de asalto.
Esta situación enardeció a los que permanecían aún en el atrio de la iglesia que
comenzaron a gritar contra la policía, hasta que la intervención del R.P. Defalconioni hizo que las cosas se apaciguaran.
Durante los hechos resultaron varios agentes con contusiones, así como también Eduardo Saguier, argentino, de 23 años, soltero, estudiante.
Este fue detenido juntamente con Marcos Antonio Di Caprio, argentino, de 23 años, soltero; Oscar Raúl Di Filippo, argentino, de 34 años; y Andrés Viajeras, argentino, de 22 años.
A los cuatro mencionados se les instruye sumario por atentado a la autoridad, lesiones y desacato.
Desorden
También a las 20.40 en la esquina de Lavalle y Esmeralda, un grupo de personas, intentó organizar una manifestación relámpago.
Inmediatamente intervinieron agentes de las comisarías 3ª y 1ª, dado que el lugar mencionado es el deslinde entre ambas jurisdicciones.
La policía intimó a los componentes del grupo a disolverse, y detuvo a cuatro de ellos que no acataron la orden.
Los detenidos son Roberto Asisa, argentino, de 23 años, Leopoldo Raúl Vivas,
argentino de 20 años, y dos menores de edad.
A los detenidos se les instruye en la comisaría 1ª un sumario por desorden,
estableciendo las autoridades que se trata de personas de tendencia Radical, que arrojaron algunos volantes –los cuales no pudieron ser secuestrados—en los que se formulan alusiones y severas críticas al gobierno.
Los menores, una vez que se proceda a su debida identificación, serán entregados a sus padres.
Fuente: La Nación, jueves, 13-X-1966
Le fueron aplicados al Dr. Raúl Alfonsín 30 días de arresto (La Nación, 4-IV-1968)
La Plata.- El jefe de policía de la provincia, en su condición de juez de faltas, dispuso ayer la libertad de cinco de los detenidos a raíz de un acto político realizado en esta ciudad. Al mismo tiempo aplicó 30 días de arresto no redimible por multa al ex presidente del comité de la provincia de la disuelta Unión Cívica Radical del Pueblo, doctor Raúl Alfonsín.
Como se informó en una edición anterior, con motivo de un acto relámpago realizado el martes último en la intersección de las calles 7 y 50, fueron detenidos lo señores Alfredo Camarlinghi, ex Ministro de Acción Social durante el gobierno del doctor Anselmo Marini; Edgardo Carlos Ferrari, José Fontán y Fulgencio Romero, ex senadores provinciales y Eduardo Saguier.
A raiz de esta situación, los doctores Carlos Aleonada Aramburu, Antonio Troccoli, y Miguel B. Zselagowski interpusieron ante el presidente de la Suprema Corte de Justicia un recurso de Habeas Corpus a favor de los mencionados, en cuya nómina no se incluyó al doctor Alfonsín por considerarse que su situación era distinta frente a los hechos.
Así planteadas las cosas, ante un pedido de informes sobre la situación de los
nombrados a favor de los cuales se interpuso el recurso, el juez de faltas comunicó al titular del alto tribunal, doctor Amílcar Baños, que una vez notificados de la falta que se les imputaba, ayer había dictado sentencia absolutoria, disponiendo la libertad de los nombrados.
En cuanto al doctor Alfonsín, continúa detenido en la comisaría 3ª de esta ciudad, sin que existan, según se informó, restricciones en torno de visitas, de familiares y amigos.
Al respecto pudo conocerse que el doctor Alfonsín, una vez notificado de la resolución de arresto, decidió presentar apelación, a cuya redacción se encuentran abocados los profesionales ya mencionados anteriormente.
Fuente: La Nación, 4-IV-1968
Hubo incidentes en la Recoleta al prohibirse un homenaje a Yrigoyen (La Prensa,
Domingo 13 de octubre de 1968
Fue impedido por la policía el acto de homenaje al expresidente Hipólito Irigoyen, que se había anunciado para ayer a las 11, en el cementerio de la Recoleta. Había sido organizado por el disuelto Comité de la capital de la Unión Cívica Radical del Pueblo, y consistía en la colocación de una palma de flores en la tumba que guarda sus restos, ceremonia que según manifestaron dirigentes de aquella agrupación, debía realizarse en silencio y en forma ordenada. Se hallaban presentes entre la concurrencia los doctores Arturo U. Illia y Ricardo Balbín, y el señor Francisco Rabanal.
Cuando la columna se dirigía al lugar donde se halla la tumba al ex presidente, la policía, encabezada por el comisario de la seccional 19 impidió su realización. Hubo protestas y varias personas fueron detenidas. El público fue alejado a empellones y
gritos por la Guardia de Infantería y cuando las protestas arreciaron, algunos de los asistentes fueron golpeados por los soldados. Para dispersarlos intervino el camión hidrante Neptuno, que mojó, inclusive a miembros de cortejos fúnebres, que eran ajenos a los sucesos. Fue desalojada la plaza y los alrededores, mientras que los detenidos eran trasladados por automóviles patrulleros a la sección 19.
Posteriormente, en la Plaza San Martín, los organizadores del acto colocaron la palma de flores destinada a Hipólito Irigoyen en el monumento a San Martín. En esta oportunidad, pronunció una breve alocución el doctor Angel Beiró.
En la Recoleta
Como el acto que se pretendió realizar en la Recoleta había sido prohibido por la policía. Ésta en previsión de que lo intentaran, situó en las inmediaciones del
cementerio un camión Neptuno, dos carros de asalto de la Guardia de Infantería, dos automóviles patrulleros de la sección 19, y numerosos agentes de uniforme y de civil. Previamente se colocó una guardia de agentes uniformados rodeando el monumento al ex presidente, ubicado a 150 metros de la puerta del cementerio, que alejó a las personas que trataban de acercarse a él.
Cuando algunas personas habían comenzado a ponerse en movimiento en dirección al sepulcro, el comisario de la sección 19 señor Roberto Estéban Pidal, dispuso que cinco agentes uniformados formaran una valla en el camino de acceso a pocos metros de la entrada principal del cementerio, maniobra que obligó a los concurrentes, cerca de 150 personas, a agruparse en la entrada. En ese lugar los asistentes, fueron advertidos por el comisario mencionado de la prohibición del acto, lo que originó protestas entre la concurrencia. El doctor Angel Beiró trató de disuadir al funcionario reclamando por lo que consideraba “un abuso y una injusticia”.
Igualmente, el señor Rabanal, apeló ante el policía, éste mantuvo su actitud porque se produjeron entonces diversas manifestaciones de protesta por parte de los asistentes. En esos instantes en medio del tumulto, se vio caer al comisario, quien era tenido por las manos por un joven mientras otras personas trataban de prestarle apoyo. Al ver esto, los cinco agentes que formaban la valla se lanzaron entre el público y se llevaron detenido al joven que lo había sostenido, después de aplicarle algunos golpes en el cuerpo.
Actúa la policía
Mientras esto ocurría, numerosos hombres y mujeres aclamaban a la libertad y
arrojaban volantes con leyendas como estas: “Pese a los golpes militares, defendiendo ideas y no hombres” y “UCRP siempre en la lucha junto al pueblo”.
Varios policías uniformados llevaron a empujones al detenido hacia un vehículo policial donde lo introdujeron a viva fuerza, entre las protestas del público y el llanto de varias mujeres que “pedían que no lo golpearan mas”. En su defensa corrió el doctor Ricardo Balbín y junto al automóvil mantuvo una discusión con el sub-comisario Santiago Vilas.
Este se hallaba visiblemente exasperado y repetía: “Doctor, le pido que se retire”, mientras que el doctor Balbín, también en alta voz, hacía oir sus protestas. Pudo saberse que el detenido era Eduardo Saguier, estudiante de sociología, de 25 años de edad.
Este hecho distrajo un tanto la vigilancia policial, oportunidad que aprovecharon los manifestantes para encaminarse hacia la tumba. Advertido el hecho marchó hasta allí una columna de la Guardia de Infantería, junto con policías en traje civil, entre los que se hallaban el comisario Pidal y el sub-comisario Vilas.
Bastones y gritos
Ya junto a la tumba, hasta donde había podido llegar parte de la concurrencia, intervino la policía y, mientras los soldados de la Guardia de Infantería rodeaban el monumento esgrimiendo sus bastones y carabinas, el comisario Pidal se dirigió al ex presidente de la Nación Arturo U. Illia, que en esos momentos avanzaba con varias flores en la mano.
“Doctor –dijo—usted que es sensato, pida a esa gente que se retire. El acto no se puede realizar y yo cumplo ordenes”. El doctor Illia inició el regreso rodeado de varias personas y en esos momentos una señora expresó a gritos su protesta “ya estamos cansados de tanta policía”. “Basta de injusticias” expresó, y entonces fue sujetada entre dos agentes y trasladada hasta un vehículo policial. Se trataba de la profesora Ana Rivero Almagro de Paz. En el ínterin los asistentes eran desalojados del lugar a empujones entre los gritos de los soldados de la Guardia. También, utilizaron los bastones y las culatas de las carabinas, que portaban. En estas condiciones, parte de la concurrencia fue obligada a marchar hasta la puerta de entrada del cementerio.
Otros Incidentes
Al llegar a ese lugar, el joven Gabriel Salas Oroño, argentino de 17 años, fue arrojado contra una puerta, produciéndose la rotura del vidrio de la misma. El joven fue tirado al suelo y entre los restos de vidrio castigado a golpes de bastón y a culatazos por 5 o 6 soldados de la Guardia de Infantería. Arreciaron sobre él los bastonazos y puntapiés que en forma sostenida le propinaban los agentes produciéndole una herida cortante en la cabeza. En esos momentos, el padre del menor, José Salas Oroño, argentino de 51 años, se lanzó sobre los policías tratando de castigarlos con el mango de un paraguas. Esta reacción irritó aún mas a los soldados y mientras unos lo sostenían tratando de reducirlo, otros le aplicaban golpes en la cabeza con los gruesos bastones. Cuando el hombre cayó al suelo, atontado por los golpes, varios agentes continuaron con su acción violenta. Luego fue arrastrado por la acera y al querer incorporarse le aplicaron un golpe que lo arrojó de espalda sobre el cordón de la acera, entre aguas estancadas. Luego se lo tomó e introdujo en un vehículo policial.
Agua y nuevos detenidos
En el exterior, mientras la Guardia de Infantería se aprestaba a desalojar la plaza vecina, el camión Neptuno ejercía su acción contra las personas que se hallaban en la acera del cementerio. Con su potente chorro de agua fueron empapados puesteros de flores, periodistas, asistentes al acto y otras personas ajenas a lo ocurrido. Allí fue detenido Rubén Extinguí, argentino, de 25 años, soltero.
Acto en la plaza San Martín
A las 12, varias personas que descendieron de automóviles se dirigieron hacia el monumento al general San Martín. A su frente marchaba el doctor Angel Beiró y el profesor Antonio Caputo, quienes llevaron la corona que no pudo colocarse en el sepulcro del ex presidente Irigoyen, y que finalmente fue colocada al pie del monumento al Gran Capitán.
En esa oportunidad, habló el doctor Beiró para expresar: “Esta palma, que representaba al homenaje de la UCRP a Hipólito Irigoyen y que por obra de la violencia no pudo ser colocada en la Recoleta, ha sido puesta ahora en el monumento al Libertador, como un homenaje imperecedero al espíritu civilista de don José de San Martín”.
Fuente: La Prensa, Domingo 13 de octubre de 1968